miércoles, 5 de octubre de 2011
Studium & Punctum
En la exposición de Barthes sobre los términos-conceptos Studium y Punctum, me resulta a lo largo de su discurso un programar bagatelas aderezadas de adornos totalmente personales que no secundan, en absoluto, su posicionamiento determinativo respecto a los mismos, y que carecen de peso intelectual ("no me gustan", pág 104), cosa que por otra parte, es lo que expresa su propio caracter denominativo
Resolver las cuestiones potencialmente intrínsecas, de la relevancia a la que intenta aludir en su disertación, en cuestiones tan personales, que dejarán de existir (después de todo, de ahí la creación del término), en tanto en cuanto, la categorización de los protocolos de actuación dentro del cuadro compositivo, pasen a otro decodificador, me rememora las visiones de cualquier snob de incongruencia externo-formativa y que no es más que petulancia decodificora, por otra parte sustancia alquímica de que dota al término.
En apoyo, en parte, a su comentario, es cierto que el Punctum, como dice, te atrapa y te hace recordar la imagen aunque no la tengas delante, pero resulta frágilmente insensible en algunas de sus ejemplarizantes muestras, a mi corto entender; aunque al expresarlo en sus últimas palabras como "el kairós del deseo" resuelve muchas dudas, pues aplica, ahora si, la durabilidad manifiesta de ese aporte extrictamente singular, amén de la similitud expresada, en el aspecto comparativo, con los hermosos versos japoneses (haiku, pág 97) lo cual nutre de contenido específico a lo que parecía insustancial inicialmente.
En definitiva, Studium, aporte informativo, y Punctum, aporte subjetivo. ¿Pero acaso esa no es la esencia del lenguaje en Arte?
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